La Navidad
empieza en Austria con el Adviento, cuatro semanas antes del 25 de Diciembre, donde los
mercadillos son los protagonistas. En ellos se venden bolas de colores, brillantes,
estrellas de paja y todo lo necesario para adornar el árbol. El Ayuntamiento de Viena
prepara multitud de talleres para estas fechas. En las casas cuatro semanas antes se pone
una corona con cuatro velas y se va encendiendo una cada semana. Los regalos se le piden
al Niño Jesús que viene el día 24, deja los regalos en el árbol y se marcha. El plato
típico que se tomaba antiguamente (ahora no tanto) era la carpa, ahora casi todo el mundo
toma pavo, de postre galletas, manzanas y muchos dulces.En la noche de fin de año se toma
el champagne en la Plaza de la Catedral de Viena, con música de valls que suena por toda
las calles. |
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Viena empieza a preparar sus fiestas con tiempo, por eso
días antes de la Nochebuena se organizan talleres para que los niños hagan con sus
propias manos los adornos que colgarán de sus árboles de Navidad.
En Austria los regalos de Navidad no los trae Santa Claus, sino un niño rechoncho de
rubios cabellos rizados, el Niño Jesús, que baja del cielo con su banda de ángeles cada
Nochebuena para traer concordia, amor y algunos regalitos a los niños y mayores que se
han portado bien.
Mientras las campanas de la catedral de Viena tañen los últimos toques del año miles de
personas bailan el vals en plena calle. Las orquestas, las casetas de vino caliente y
champán y la música son los mejores antídotos contra el frío en esta noche tan
especial. Los que prefieran un ambiente más sofisticado pueden optar por el famoso Baile
del Emperador, en el Palacio Imperial de Viena. Y para empezar el año con buen pie, nada
mejor que el alegre ritmo del Concierto de Año Nuevo de Viena (reservando con mucha
antelación, por supuesto). |
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